Rutina de skincare: ni todo el mundo, ni todo el tiempo

Prof. Adj. Dra. Lídice Dufrechou | Dermatóloga

Mujer poniéndose crema en la cara frente a un espejo | Rutina de skincare: ni todo el mundo, ni todo el tiempo

Desde hace algunos años, y especialmente después de la pandemia, las consultas sobre cuidados de la piel crecieron de forma notoria. Dermatólogos, cosmetólogos, médicos estéticos e incluso influencers sin formación específica promueven el uso de cremas, sérums y protectores solares a través de las redes sociales. A esto se suma el boom del skincare en niñas prepuberales y el fuerte impulso de la industria cosmética.

El resultado es que muchas personas llegan al consultorio con una bolsa llena de productos y una misma pregunta: “Doctora, ¿qué hago con todas estas cremas que me fui comprando?”

La respuesta suele sorprender: no siempre necesitamos tantos productos.

Cuatro ideas para empezar

Antes de hablar de rutinas, vale la pena tener presentes algunos conceptos.

  • Nuestra piel es un órgano barrera extraordinariamente preparado para protegernos de distintos ambientes.

  • Son muy pocos los principios activos cosméticos cuyo efecto antienvejecimiento está realmente demostrado por la evidencia científica, y aun esos tienen beneficios modestos.

  • Los productos aprobados y comercializados son seguros, pero muchas veces menos es más.

  • Una misma rutina no produce el mismo efecto en una persona de 30 años que en una de 60.

¿Quién realmente necesita una rutina cosmética?

La rutina cosmética es un excelente complemento del tratamiento dermatológico en personas con acné, rosácea, melasma y otras enfermedades de la piel.

En quienes buscan mejorar la calidad de la piel o prevenir el envejecimiento, conviene tener expectativas realistas. Las cremas y los sérums tienen una penetración limitada, por lo que no eliminan arrugas profundas, no tensan significativamente la piel, no borran manchas importantes ni erradican la celulitis. Cuando se buscan cambios más notorios, existen tratamientos dermatológicos específicamente diseñados para ello.

Como suelo decir en el consultorio: no podemos pedirle a una rutina más de lo que realmente puede dar.

Además, los resultados dependen de muchos factores. Una persona joven, constante con los cuidados, con buena alimentación, sin tabaco y con poca exposición solar, probablemente obtenga mejores resultados que alguien con décadas de daño solar acumulado y hábitos menos saludables.

¿Qué necesita la piel según la época del año?

En términos generales, una piel sana necesita dos cosas durante todo el año: hidratación cuando la requiere y protección frente al sol.

Otoño e invierno

fríos, sigue siendo responsable del cáncer de piel y de gran parte del envejecimiento cutáneo: líneas de expresión, manchas, pérdida de elasticidad y alteraciones de la textura.

Por eso, mantener la fotoprotección durante todo el año sigue siendo una recomendación válida, especialmente en personas con antecedentes de manchas, piel muy clara o alto riesgo de cáncer de piel.

El frío también favorece la sequedad y las grietas. A esto se suma el lavado frecuente de manos y el uso repetido de alcohol en gel, que pueden deteriorar aún más la barrera cutánea.

En estos casos conviene:

  • Elegir limpiadores suaves (syndet).

  • Preferir el lavado con agua y jabón frente al uso repetido de alcohol en gel cuando sea posible.

  • Aplicar crema humectante varias veces al día.

Verano: protegerse del sol es mucho más que usar protector

Uno de los conceptos más importantes es que protegerse del sol no significa solamente usar protector solar.

La primera línea de protección son las medidas físicas:

  • Buscar sombra.

  • Usar sombrero.

  • Lentes con filtro UV.

  • Ropa protectora.

  • Aplicar protector solar en toda la piel que queda expuesta.

El protector solar es una herramienta fundamental, pero forma parte de una estrategia mucho más amplia.

Mujer en la playa, sentada en una reposera de sombrero | Rutina de skincare: ni todo el mundo, ni todo el tiempo

¿Y la luz azul de las pantallas?

Pasamos muchas horas frente a computadoras y celulares. La evidencia actual sugiere que la luz azul puede favorecer la pigmentación en algunas personas, especialmente en quienes padecen melasma. En esos casos, los protectores solares con color ofrecen una protección adicional frente a la luz visible.

Sin embargo, el impacto de las pantallas sobre el envejecimiento de la piel es mucho menor que el de la radiación solar.

¿Qué sabemos realmente sobre protectores solares y disrupción endocrina?

En los últimos años surgieron muchas dudas sobre la posible relación entre los protectores solares y la disrupción endocrina.

Hoy sabemos que algunos filtros solares químicos pueden absorberse en pequeñas cantidades y que, en estudios de laboratorio, algunos demostraron interactuar con receptores hormonales. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia de que el uso habitual de protectores solares produzca enfermedades hormonales o cáncer en seres humanos.

Por eso, afirmar que los protectores solares causan cáncer es un mensaje alarmista que no refleja el conocimiento científico actual.

La buena noticia es que las formulaciones modernas fueron evolucionando, incorporando filtros con mejor perfil de seguridad y eficacia. Además, quienes prefieren minimizar la exposición a filtros químicos pueden optar por protectores con filtros minerales, como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, que prácticamente no se absorben y ofrecen una excelente protección.

La mejor rutina es la que realmente vas a cumplir

No hace falta tener diez productos para cuidar la piel. En la mayoría de las personas con piel sana, una rutina
sencilla suele ser suficiente:

  • Limpieza suave.

  • Hidratación cuando sea necesaria.

  • Protección solar diaria acompañada de medidas físicas de protección.

  • Alguna molécula transformadora según lo que se quiera mejorar.

La constancia suele ser mucho más importante que la cantidad de frascos que tenemos en el baño.

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