Longevidad saludable

Prof. Agdo. Dr. Aldo Fierro | Internista y Geriatra

Pareja de adultos mayores en un parque con un vaso de café en la mano | Longevidad saludable

El aumento de la expectativa de vida es uno de los grandes logros de nuestra sociedad. Es consecuencia de mejores condiciones de vida, un mayor acceso a la salud y los avances que han permitido prevenir y tratar enfermedades que en el pasado eran mortales. Pero vivir más años plantea también un nuevo desafío: lograr que esos años transcurran con la mejor calidad de vida posible.

A medida que pasan los años, aumenta la posibilidad de desarrollar algunas enfermedades crónicas, así como cierto grado de deterioro cognitivo —que puede afectar la memoria y otras funciones cerebrales— y funcional, relacionado con la capacidad de realizar de manera independiente las actividades de la vida cotidiana.

Por eso, para la mayoría de las personas, envejecer bien significa conservar la mayor autonomía posible, mantener una buena condición física y cognitiva, continuar desarrollando actividades y vínculos sociales y prevenir, cuando sea posible, la aparición de enfermedades. A esto nos referimos cuando hablamos de longevidad saludable.

En las últimas décadas se han identificado intervenciones y hábitos que contribuyen a transitar esta etapa de la vida con mayor bienestar, así como factores que aumentan el riesgo de enfermedades capaces de afectar las funciones físicas y cognitivas y, en consecuencia, la calidad de vida.

Existen factores genéticos que favorecen una mayor longevidad, algo que se ha observado, por ejemplo, en poblaciones de centenarios. Sin embargo, más allá de aquello sobre lo que no podemos actuar, existen múltiples factores que sí podemos modificar. Muchos de ellos comienzan a construirse desde la infancia y acompañan toda nuestra vida. En definitiva, se puede decir que, en gran medida, se envejece como se vive.

Esto no significa que las oportunidades de cuidar nuestra salud se terminen con el paso de los años. Por el contrario, incluso en la adultez mayor existen medidas que pueden contribuir a conservar la autonomía, prevenir enfermedades y mantener una buena calidad de vida.

El objetivo es claro:

  • Prevenir enfermedades.

  • Preservar las capacidades físicas y cognitivas.

  • Prolongar el período de vida independiente.

  • Mantener el bienestar y la calidad de vida.

Las siguientes recomendaciones son importantes a lo largo de toda la vida, aunque deben adaptarse a los cambios propios de cada etapa y a las características y necesidades de cada persona.

La influencia del estilo de vida

Nutrición

Una alimentación adecuada es fundamental para cuidar la salud cardiovascular, preservar la masa y la fuerza muscular y favorecer la movilidad.

Es importante evitar el consumo excesivo de calorías, que puede favorecer el sobrepeso y la obesidad, y mantener una adecuada hidratación.

Se aconseja una alimentación rica en frutas, verduras, fibra y proteínas de buena calidad, como pescado y legumbres, limitando las grasas saturadas y los carbohidratos refinados, como azúcares y almidones concentrados.

El aporte de micronutrientes, fundamentalmente vitamina D, está indicado cuando existe déficit.

Mujeres adultas realizando ejercicio en un parque | Longevidad saludable

Actividad física

Realizar ejercicio de manera regular, adaptado a las posibilidades y condiciones de cada persona, es una de las principales herramientas para conservar la fuerza muscular y mantener una vida activa e independiente.

Los ejercicios de fuerza o resistencia —como levantarse y sentarse repetidamente o realizar ejercicios con pesas livianas— tienen un importante impacto beneficioso y deben complementarse con actividad aeróbica, como caminar o andar en bicicleta, y ejercicios destinados a mejorar el equilibrio y la coordinación.

Sueño

Con el paso de los años se producen modificaciones naturales en la arquitectura del sueño. Sin embargo, estos cambios no impiden dormir bien y despertar con una sensación de descanso que permita mantener un adecuado nivel de energía durante el día.

La falta crónica de sueño puede tener consecuencias negativas tanto sobre la salud física como mental.

Para favorecer un descanso reparador es importante cuidar la denominada higiene del sueño:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.

  • Exponerse diariamente a la luz solar.

  • Evitar el consumo de estimulantes que pueden interferir con el descanso en las horas previas, como café, mate y alcohol.

  • Evitar las siestas prolongadas.

  • Utilizar hipnóticos únicamente con indicación médica, en situaciones puntuales y durante el menor tiempo posible.

Actividades sociales y recreativas

Cuidar los vínculos también es una forma de cuidar la salud.

Mantener conexiones sociales y espirituales, participar de actividades recreativas y conservar espacios de encuentro favorece el estado de ánimo y contribuye al bienestar cognitivo.

Por el contrario, el sedentarismo, la soledad, una alimentación inadecuada y la falta de apoyo social, se asocian con consecuencias negativas para la salud de las personas mayores.

Cuidar los sentidos

La visión y la audición cumplen un papel fundamental en la autonomía y en la relación con el entorno.

Corregir los problemas visuales contribuye a preservar la función cognitiva y a prevenir situaciones que pueden poner en riesgo a la persona, como las caídas, que en los adultos mayores pueden tener consecuencias graves.

Por eso, es importante realizar controles periódicos con oftalmólogo para detectar y corregir alteraciones de la visión y con otorrinolaringólogo para evaluar la audición.

Los problemas auditivos no tratados pueden favorecer el aislamiento social y asociarse con un agravamiento de las dificultades cognitivas.

Mantener el cerebro activo

Mantenerse mentalmente activo también forma parte del cuidado de la salud.

Leer, escribir, realizar actividades de estimulación de la memoria, aprender y participar de actividades sociales son algunas de las formas de favorecer el mantenimiento de las funciones cognitivas.

A esto se suman otros factores ya mencionados, como una alimentación adecuada, la actividad física, la inclusión social y el adecuado control de los factores de riesgo vascular, como la hipertensión arterial, la diabetes, la hipercolesterolemia y el tabaquismo.

Mujer adulta en el sillón de si cada haciendo crucigramas | Longevidad saludable

Vacunaciones

Las infecciones respiratorias y urinarias se encuentran entre las más frecuentes en los adultos mayores.

La vacuna contra el neumococo tiene indicación una vez cumplidos los 65 años. El neumococo es la causa más frecuente de las neumonías bacterianas adquiridas en la comunidad y la vacunación disminuye el riesgo de complicaciones por este germen.

La gripe tampoco debe considerarse una enfermedad banal en esta etapa de la vida, especialmente en quienes presentan patologías crónicas. La vacunación antigripal tiene beneficios indiscutibles, por lo que se promueve su administración anual en este grupo de población.

El valor del control médico periódico

A partir de los 65 años se considera adecuado realizar al menos un control de salud anual.

Estas consultas permiten detectar precozmente y controlar enfermedades cuya frecuencia aumenta con la edad, como hipertensión arterial, hipercolesterolemia, diabetes, osteoporosis, alteraciones del estado de ánimo y problemas de memoria.

También permiten realizar los estudios destinados a la detección de algunos de los cánceres más frecuentes, como los de colon, mama y próstata, de acuerdo con protocolos que consideran la edad y las condiciones generales de cada persona.

El control médico periódico ofrece, además, una oportunidad para revisar la medicación.

Los adultos mayores son el grupo de población que consume más fármacos. Identificar situaciones de polifarmacia y evitar el uso innecesario o inadecuado de determinados medicamentos puede prevenir problemas como caídas, alteraciones de la memoria y trastornos gastrointestinales, entre otros.

dos Mujeres adultas compartiendo un café al sol | Longevidad saludable

Una vida más larga, una vida mejor

La evidencia demuestra que las medidas mencionadas pueden tener un impacto positivo incluso cuando se incorporan en etapas avanzadas de la vida.

Cuidar la salud, mantenerse activo, preservar los vínculos, prevenir enfermedades y realizar controles periódicos son decisiones que pueden contribuir a conservar la autonomía y el bienestar durante más tiempo.

Porque el objetivo de la longevidad no es solamente vivir más, sino también vivir mejor.

No se trata solo de darle más años a la vida, sino de darle más vida a los años.

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