Prevención cardiovascular más allá de los clásicos factores de riesgo
Dr. Sergio Tantessio | Cardiólogo
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de morbimortalidad a nivel mundial, afectando especialmente a la población mayor de 60 años.
La prevención es la principal herramienta y exige una mirada más amplia que la tradicional centrada en hipertensión, diabetes, dislipemia, obesidad y tabaquismo. Y es que el riesgo cardiovascular surge de la interacción entre biología individual, estilo de vida, medioambiente, genética, hábitos conductuales y determinantes sociales. Por ello, el enfoque más efectivo debe ser integral y personalizado, capaz de modificar no solo factores clínicos.
Analicemos estos aspectos integrales de la prevención cardiovascular:
1. La actividad física regular reduce la mortalidad cardiovascular un 20–30%, mejora la función endotelial, sensibilidad a la insulina, perfil lipídico e inflamación. Se recomienda realizar 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, como caminar a paso ligero o 75 minutos semanales de actividad aeróbica intensa, como correr o una combinación equilibrada de actividad aeróbica moderada e intensa. Además, dos o más sesiones semanales de fortalecimiento muscular.
2. Llevar una alimentación saludable en base a frutas, verduras, carnes magras, pescado, productos lácteos semidescremados o descremados, granos o cereales integrales y grasas saludables, como el aceite de oliva. Recomendamos dos planes de alimentación, como la dieta mediterránea y el plan de alimentación DASH.
3. Mantener una adecuada higiene del sueño mayor a 6 horas ayuda a reducir el riesgo a través de la modulación de la actividad autonómica y la inflamación.
4. El estrés crónico tiene una clara asociación con el riesgo cardiovascular. El estrés continuo puede estar relacionado con ansiedad y depresión. Entre las tácticas para reducir el estrés se incluyen la actividad física, los ejercicios de relajación, mindfulness, yoga, meditación, entre otros.
5. El medio ambiente es un potente determinante cardiovascular a través de la contaminación ambiental, ruido ambiental y temperaturas extremas. Promover el desarrollo de actividades al aire libre y en espacios verdes ayudan a reducir la mortalidad cardiovascular por dismunución del estrés, mayor actividad física
y mejor calidad del aire.
6. Genética, epigenética y biología individual.Algunas variantes genéticas, como PCSK9, APOE y LPA, pueden modificar el riesgo asociado a los niveles de colesterol, la inflamación y la formación de coágulos. A su vez, la epigenética explica cómo factores como la alimentación, el estrés, la contaminación y otros hábitos pueden modificar la expresión de nuestros genes sin alterar el ADN, favoreciendo procesos inflamatorios relacionados con la aterosclerosis. Personas con alto riesgo poligénico pueden reducir hasta un 50% su riesgo mediante estilos de vida saludables.
7. Hábitos conductuales y determinantes sociales como la exposición pasiva al humo del cigarrillo, el consumo excesivo de alcohol, sedentarismo digital a través del uso prolongado de pantallas que generan menos actividad física, peor sueño, mayor estrés. Determinantes sociales como educación, ingresos, vivienda, acceso a salud y alimentación también determinan el riesgo cardiovascular. La inequidad social es un predictor independiente de mortalidad.
8. La inflamación y microbiota son un eje central en aterosclerosis. La obesidad, el estrés, la mala alimentación y la contaminación ambiental aumentan marcadores inflamatorios. Para la microbiota intestinal: dietas ricas en fibra favorecen una microbiota cardioprotectora.
La prevención cardiovascular requiere una visión integradora que contemple biología, conducta, ambiente y sociedad. Las intervenciones más efectivas son aquellas que actúan simultáneamente sobre el estilo de vida, determinantes sociales y factores ambientales.
