Dietas express | Riesgos y consecuencias

Lic. Valentina Ponce de León | Nutricionista

Mujer hablando por celular y preparando una ensalada

«Cómo perder 8 kg en una semana sin hacer ejercicio»; «esta es la dieta que siguen las celebrities para mantenerse en forma».

¿Quién no ha leído o escuchado frases similares? Las dietas rápidas están en auge en internet y las redes sociales. Sin embargo, es importante considerar sus riesgos antes de seguirlas sin pensar en las consecuencias que pueden tener en nuestra salud física y mental.

En un mundo caracterizado por la inmediatez, donde no queremos esperar y buscamos resultados instantáneos, es tentador caer en promesas que ofrecen cambios drásticos en poco tiempo. Pero, ¿realmente cumplen con lo que prometen? ¿Son sostenibles a largo plazo?

La mayoría de estas dietas son restrictivas, ya sea en calorías o grupos de alimentos. Se focalizan en crear un déficit calórico para una pérdida de peso rápida, en lugar de educar sobre una alimentación adecuada y sostenible. Cada persona es única, con distintas necesidades y preferencias alimenticias. Por ello, lo que funciona para uno puede no ser adecuado para otro.

Las dietas que eliminan grupos de alimentos pueden causar una rápida pérdida de peso, pero vienen de la mano de una pérdida de masa muscular y agua. Al volver a los hábitos anteriores, el peso y la grasa se recuperarán, generando un ciclo de dietas repetitivas o el conocido término de «dietante».

Además, ocurre el efecto rebote. Estas dietas pueden afectar emocionalmente a las personas. Se genera una frustración por no poder mantenerlas a largo plazo, sumado al riesgo de desarrollar algún trastorno alimenticio por su carácter restrictivo y selectivo.

Para que ocurra una pérdida de peso saludable, se recomienda cambiar los hábitos alimenticios y prestar atención a la calidad de la comida. Es una tarea difícil, que lleva su tiempo, pero se puede empezar de a poco. Algunos consejos para poder lograrlo son:

  • Elegir alimentos de calidad que nos nutran. Sustituyendo aquellos que brindan calorías vacías y generan esa sensación de no «poder parar de comer».
  • Servirse porciones adecuadas, no repetir el plato.
  • Acompañar con ensaladas, crudas o cocidas, aportan fibra y generan más saciedad.
  • Realizar ejercicio físico.
  • Mantenerse hidratados. Puede ser un hábito que cueste si uno no siente sed, sin embargo, se puede tomar infusiones o mate. Se recomienda tomar 2L de agua al día.

Por último, es importante poder contar con el asesoramiento y acompañamiento de un profesional, que pueda enseñar y guiar. Aprender a comer de manera equilibrada es una inversión a largo plazo, sin necesidad de estar constantemente «a dieta» y poder disfrutar de la comida libremente.

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