Hábitos sólidos, hígado fuerte

Dra. Carla Bianchi | Gastroenteróloga y Hepatóloga | Clínica MP Punta del Este

Pareja de adultos cocinando con verduras | Hábitos sólidos, hígado fuerte

El hígado es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano y cumple funciones claves para la vida: procesa los nutrientes que ingerimos, regula el metabolismo de grasas y azúcares, produce proteínas fundamentales, participa en la digestión a través de la bilis, elimina toxinas y actúa como un importante órgano inmunológico.

A pesar de su gran capacidad de regeneración, el hígado es vulnerable a múltiples agresiones, muchas de las cuales evolucionan de forma silenciosa durante años. Las enfermedades hepáticas causan cerca de 2 millones de muertes por año, constituyendo un problema creciente de salud pública mundial.

En este contexto, el lema del Día Mundial del Hígado 2026 “Hábitos sólidos, hígado fuerte” cobra especial relevancia dado que gran parte de las enfermedades hepáticas son prevenibles mediante intervenciones sencillas pero sostenidas en el tiempo.

Un cambio epidemiológico: el protagonismo del hígado graso metabólico

En los últimos años, el hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD) se ha consolidado como la principal causa de enfermedad hepática crónica en el mundo, en paralelo al aumento sostenido de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. En Latinoamérica y particularmente en Uruguay donde estas condiciones son altamente prevalentes, esto representa un desafío sanitario creciente.

El hígado graso no es simplemente una acumulación de grasa, sino que refleja una alteración metabólica compleja. En algunos pacientes, esta situación progresa hacia la inflamación (esteatohepatitis), la fibrosis, y eventualmente a la cirrosis y el cáncer de hígado. Además, MASLD no solo afecta al hígado, se asocia también a un mayor riesgo cardiovascular, siendo esta la principal causa de muerte en estos pacientes.

En nuestra región, la problemática adquiere mayor dimensión ya que la epidemia metabólica se suma a la persistencia de otras causas de enfermedad hepática como el consumo de alcohol, las hepatitis por virus B y C,  las enfermedades hepáticas autoinmunes. Esto hace imprescindible un enfoque integral adaptado a la realidad local.

Cuatro hábitos sólidos para un hígado fuerte

Los hábitos de vida son la herramienta más poderosa para prevenir y en muchos casos revertir el daño hepático en etapas tempranas. Los podemos resumir en:

1. Alimentación saludable. Una dieta rica en verduras, frutas, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables, baja en ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas, es fundamental para reducir la grasa del hígado y su inflamación.

2. Actividad física regular. El ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la grasa en el hígado, incluso sin pérdida de peso significativa. Se recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica, combinados con ejercicios de fuerza. 

3. Consumo responsable de alcohol. Es conocido que el alcohol es una causa importante de enfermedad hepática, y no existe un nivel de consumo seguro para el hígado. La interacción entre alcohol y factores metabólicos configura un fenotipo particularmente agresivo de en- fermedad hepática.

4. Controles médicos periódicos. Las enfermedades hepáticas suelen ser asintomáticas en etapas iniciales, por eso, los chequeos mediante análisis de sangre y estudios no invasivos permiten detectar alteraciones tempranas, facilitando intervenciones oportunas.

La importancia de la detección precoz

Hoy contamos con herramientas no invasivas para identificar a las personas con riesgo de progresión de su enfermedad hepática. En pacientes con diabetes, obesidad o síndrome metabólico, el uso de índices/scores no invasivos como el FIB 4 y de la elastografía hepática permite detectar fibrosis/cirrosis antes de la aparición de síntomas.

Un enfoque integral y multidisciplinario

Actualmente el abordaje de la enfermedad hepática ha evolucionado hacia un modelo integral donde la interacción entre hepatología, medicina interna, endocrinología y atención primaria es fundamental para mejorar los resultados. El desafío es fortalecer la prevención, optimizar el diagnóstico temprano y promover la educación tanto de los profesionales de la salud como de la población.

Por lo tanto, el mensaje en este Día Mundial del Hígado es concreto: adoptar hábitos sólidos protege al hígado e impacta positivamente en la salud general. La prevención, la detección precoz y una intervención terapéutica oportuna son las herramientas más efectivas para cambiar el curso de la enfermedad hepática. 

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