Prof. Dr. Justino Zeballos

Cirujano General

Prof. Dr. Justino Zeballos

¿Qué influencia tuvo tu familia en la elección de tu carrera?

Mi padre transmitió siempre ciertos valores de amor a la medicina. Él fue profesor titular de gastroenterología. Sin embargo, en ningún momento esa elección fue condicionada. Jamás influyó en nosotros, tanto en mí como en mi hermana, que también es médica, en la elección de la carrera. Siempre fue vocacional de nuestra parte y tuvimos la absoluta libertad para elegir en donde queríamos desarrollarnos.

¿Qué anécdota recordás de tu época como estudiante?

Como estudiante tengo muchísimas, son muchos años de carrera, estudio y formación luego con la especialidad. Durante mi pasaje por una beca en Francia, en 2001, el lugar de reunión diario era el comedor que se llamaba la “Sala de Guardias”. Allí habían determinadas reglas que estaban dibujadas en la pared. Cuando uno se salteaba esas reglas, había que hacer girar una ruleta con prendas. Si uno no cumplía la prenda, ya no podía seguir yendo al comedor, que además se comía muy bien. Por lo que la prenda siempre había que hacerla. Queda en secreto cuales eran las prendas.

¿Cómo equilibrás tu vida entre tu carrera de grado, tu ejercicio de la profesión y tu familia?

Poder amalgamar la carrera, la profesión y la familia implica tener un núcleo familiar muy unido. La posibilidad de desarrollo de la carrera profesional, de grado, y sobre todo las especialidades quirúrgicas implica tener muy aceitado ese apoyo familiar. En mi caso particular lo tengo, mi mujer también se dedica a una especialidad quirúrgica, es ginecóloga. Eso implica a veces tener que coordinar horarios que no deja de ser estresante y también divertido, porque se vive una especie de vorágine diaria que hay que saber llevarla.

¿Qué significa para ti tu casa de Villa Serrana?

Mi casa de Villa Serrana implica recuerdos de la infancia, familiares. Es un lugar que para mí es un cable a tierra, es mi lugar en el mundo. Me trae recuerdos permanentes, yo empecé a ir ahí desde niño, desde que tengo uso de la razón. Comencé yendo con mis abuelos, luego con mis padres que adoptaron a Villa Serrana como su lugar todos los fines de semana. Nuestra profesión hace que la escapada sea compleja, por eso aprovechamos durante la pandemia a reflotar la casa. Hoy en día mis hijos también están tomando ese lugar como propio, un lugar de reunión familiar.

Sabemos que dos de tus pasiones son el fútbol y la cocina, ¿cómo las incorporás en tu rutina diaria?

El fútbol es sin duda mi pasión, la cocina es más como un hobby, como un cable a tierra y una manera de desestresarme. Obviamente tengo que pelear con el tema del lavado, porque me gusta cocinar, pero no lavar. Me encanta improvisar, me distrae y me desestresa. Me encargo bastante de la cocina, especialmente los fines de semana. El fútbol es una pasión, creo que casi cómo todo uruguayo lo tenemos incorporado. Tengo una pasión en particular por Peñarol, mi corazón está en dos colores, en amarillo y negro. Soy muy hincha de la Selección también. Me ha apasionado y lo practiqué de niño, joven y viejo, hasta no hace mucho tiempo. Esa pasión hoy en día se la he transmitido a mi hijo varón, Pedro. Lo sigo todo lo que puedo, me encanta verlo jugar, juega muy bien. Además, me encanta acompañarlo y nos nuclea como familia seguirlo detrás de sus objetivos y pasiones, que se le ve reflejado en todo lo que hace.

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