Controles y cuidados oftalmológicos en el niño
Dr. Oswaldo Borrás

Afortunadamente cada vez son más los padres que comprenden la importancia del control oftalmológico preventivo de sus hijos. Muchas patologías que producen una disminución de la agudeza visual en el adulto pueden ser reversibles, el ejemplo más conocido es la catarata. En cambio en el niño, aún patologías reversibles con tratamiento, si no son diagnosticadas a tiempo pueden dejar una secuela visual de por vida.

El desarrollo de la función visual, o maduración de la vía visual, comienza desde el nacimiento y se prolonga hasta los 8 años o, en algunos niños, por algunos años más. Es el período que llamamos de “plasticidad sensorial” porque durante el mismo podemos actuar para intentar corregir las patologías que pueden alterar ese desarrollo.

Obviamente no nacemos con la agudeza visual que tendremos de adultos. De manera algo esquemática para recordarlo, vemos 2/10 al año de vida, en la cartilla más conocida por todos, 4/10 a los 2 años, 6/10 a los 3 años y, finalmente, alcanzamos los 10/10 a los 5 años.

Para que esta agudeza visual se desarrolle normalmente en ambos ojos es fundamental que cada ojo enfoque una imagen igualmente clara y la envíe al cerebro. Cualquier patología que impida eso estará afectando este proceso y generando una disminución de la visión en el ojo afectado que, si no es corregida, puede dejar una secuela de por vida, lo que llamamos ambliopía. Cuanto más tempranamente diagnostiquemos esas patologías y actuemos para solucionarlas, mejores resultados obtendremos.

Vicios de refracción (“cortedad de vista”) sobre todo si afectan más un solo ojo, estrabismos, cataratas congénitas o traumáticas, opacidades corneales son, entre otras, alteraciones que pueden interferir con ese desarrollo de la función visual. Algunos de ellos si no son corregidos tempranamente pueden afectar severamente la visión del niño.

Entre el nacimiento y los 3 meses de vida el bebé desarrolla la fijación y el seguimiento, algo que los padres van notando claramente. Una patología que impida el enfoque en la retina de la imagen a esa edad temprana puede afectar este proceso y alterar severamente la visión futura.

Pero no sólo debemos controlar la correcta evolución de la agudeza visual en ambos ojos sino que, además, existe otra función muy importante que se desarrolla tempranamente: la visión binocular y la estereopsis, esto es la “visión en profundidad”.

La estereopsis aparece en los 3 a 5 meses de vida, se desarrolla rápidamente y entre los 12 y 24 meses ya alcanza niveles muy parecidos a los del adulto. Para que ese desarrollo sea normal es fundamental que haya igual visión en ambos ojos y que los mismos estén alineados. O sea que estrabismos tempranos pueden entorpecer la adquisición de una normal visión binocular. Entonces, los controles de la visión en el niño deben tener en cuenta todos estos conceptos.

El primer control debe realizarse en los primeros días después del nacimiento buscando la presencia de lo que llamamos reflejo rojo pupilar en ambos ojos (es el reflejo pupilar rojo que vemos en las fotografías). La ausencia del mismo nos debe alertar sobre la posibilidad de la presencia de cataratas congénitas o de alteraciones en la parte posterior del globo ocular.

Durante los primeros meses de vida padres y pediatras deben estar atentos a la posibilidad de que exista una desviación ocular (de hecho es una de las causas más frecuentes de consulta que tenemos). Ante la duda no hay que demorar la consulta.

A partir de los 3 años ya tenemos colaboración para medir la agudeza visual y completar el examen oftalmológico. El siguiente control lo hacemos a los 5 años y luego sugiero repetirlo cada 2 años.