¡Sea siempre bienvenido el juego!

Durante el año las extensas jornadas escolares y actividades extra curriculares reducen el tiempo de juego de los niños, por lo que el verano es un buen momento de recuperar ese tiempo perdido y estimularlos a otro tipo de juegos.

Jugar es divertido y ayuda al desarrollo de distintas habilidades tanto sociales como psicológicas y emocionales. Por eso es importante saber qué juguete elegir según la edad de cada niño.

A nivel físico el juego desarrolla la musculatura, la coordinación, equilibrio, motricidad gruesa y fina.

A nivel cognitivo al interactuar con los objetos aprenden nuevos conceptos que les permitirán integrar conocimientos académicos con mayor facilidad y desarrollan la creatividad y la imaginación que les permitirá resolver problemas y conquistar nuevos espacios.

A nivel emocional el juego conecta a los niños con emociones positivas y les permite expresar lo que sienten cuando todavía no tienen el lenguaje necesario para poder hacerlo. Además es una muy buena herramienta para establecer vínculos o para fortalecerlos.

A nivel social aprenden a relacionarse con otros y desenvolverse en el ambiente, fomenta la colaboración, aprenden a respetar turnos y reglas de convivencia y se transforma en una guía para su conducta cuando deben revolver conflictos con sus pares.

El rol de los adultos es fundamental para fomentar el juego. Cuando los padres se involucran en el juego el beneficio es aún mayor.

Esto es porque el juego no solo permite conocer a los propios hijos y fortalecer el vínculo con ellos, sino que también es una instancia para enseñarles a tolerar la frustración, expresar emociones positivas, modelar conductas, saber esperar, pedir ayuda, ser cuidadosos con los objetos, resolver problemas, ampliar su vocabulario, inculcar valores, como el respeto, el agradecimiento, la colaboración, la competencia sana, la igualdad, reconocer el esfuerzo, la perseverancia y la creatividad.