Apego seguro

A partir de la entrevista realizada por Carolina Anastasiadis a Carina Castro Fumero, Neuropsicóloga Pediátrica, para nuestro blog amigo Mamás Reales, obtuvimos conceptos que nos parecieron interesantes sobre el apego seguro. Invitamos a las mamis y papis de MP a conocerlos.

El apego es el vínculo que desarrolla el niño con el adulto, sintiéndose seguro y en un lugar en donde se lo entiende y satisfacen sus necesidades. Va cambiando a lo largo de la vida del niño. En los primeros 18 meses de vida, la necesidad de los niños es comer, dormir, tener una buena temperatura corporal, no sentir dolores y tenerte cerquita, porque está en un mundo nuevo que le hace sentir inseguridad. Esas son sus necesidades, y si las satisfacemos, vamos generando un vínculo basado en la seguridad y confianza de que el otro me entiende.

Luego de eso entramos en una etapa en donde el apego seguro tiene las mismas características, pero el niño es más autónomo, entonces necesita de otras cosas. Su cerebro empieza a adquirir otras funciones que tienen que ver con la dificultad de inhibir impulsos, prueba límites. El apego seguro ahí es poner límites con amor; decir, por ejemplo: no te dejo poner el dedo en el enchufe porque te podés lastimar. El niño con ese límite se sigue sintiendo seguro. El rol del adulto que busca generar apego seguro es ir delimitando el camino por donde el niño puede ir de manera segura a explorar. Eso le da seguridad al niño.

El apego seguro implica matices a lo largo de la vida; importa como adulto ser esa figura que comprende las necesidades del niño y las satisface en momentos oportunos. El niño va necesitando por momentos más confianza, más compañía y así a medida que crece.

Está científicamente comprobado que la salud física y mental de todos los seres humanos adultos se consolida y gesta en la infancia. Eso significa que las figuras de apego pueden brindar al niño la posibilidad de no desarrollar algunas enfermedades físicas o mentales en la adultez, como enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, diabetes, algunas alergias, inclusive trastornos de ansiedad, depresión y hasta suicidio. Hoy se sabe que hay un vínculo directo entre el apego y algunas enfermedades.

Jugar con ellos favorece la conexión de padres e hijos. El juego es un vehículo de aprendizaje, de conexión, colabora en la producción de neuroquímicos en el cerebro, genera oxitocina que es una hormona que nos hace sentir apegados al otro.

El contacto físico, los besos, los abrazos, las caricias, el hacerle saber al otro que es importante para mi, más allá de que ensucia la casa o no me deja trabajar, es también importante. Esas cosas hay que verbalizarlas conscientemente y físicamente para fortalecer ese vínculo.

Con todas esas herramientas el niño segrega los químicos que necesita el cerebro para generar esas conexiones neuronales de seguridad, de tranquilidad, de apego, placer y bienestar.