Contexto sanitario actual: Aspectos psicosociales y pautas de cuidado.

Lic. Psic. Laura Möller Campos – Diplomada en Psicología Médica. – Especializada en Intervención en Crisis y Psicoterapia Focal

La pandemia Covid-19 provocó una gran desestabilización en todas las áreas de vida (familiar, laboral, social, cultural, económica) dando un giro de 180 grados a las coordenadas de nuestra cotidianeidad tal y como la concebíamos. En este sentido, hubo un corte abrupto en nuestra temporalidad: nuestra vida cambió drásticamente. Brotó confusión, desconcierto, vulnerabilidad y mucha incertidumbre.

Dicho impacto psicoemocional provocado por la pandemia física ha sido de tal magnitud que llevó a la Organización Mundial de la Salud a categorizarla además como “pandemia psicológica” en el entendido del profundo malestar que ha ocasionado una enfermedad de estas características a nivel mundial.

Entre los síntomas principales primó el miedo en sus diferentes formas que van desde preocupación, angustia y todo el amplio espectro de síntomas de ansiedad que van desde sentir tensión, pensamientos invasivos de que algo malo puede suceder hasta síntomas que pueden volverse realmente angustiantes y disfuncionales como lo son fobias o pánico (sudoración excesiva, taquicardia, temor a perder el control o volverse loco, sentimiento de muerte inminente).

El estrés crónico desencadena una compleja gama de mecanismos fisiológicos que afectan a todo el organismo. En el área cerebral se ven sensiblemente afectadas las funciones cognitivas que refieren a la capacidad de concentración, organización, planificación, toma de decisiones. Esto genera una disminución de los estándares de rendimiento habituales, debiendo evitar sobre exigirse y mantener pautas de higiene del sueño, alimentación e hidratación adecuados.

Si bien ante situaciones de crisis es esperable encontrar una variada gama de reacciones emocionales como las descriptas anteriormente, lo esperable es que con el paso de algunas semanas los niveles de angustia y ansiedad vayan disminuyendo. Si usted o alguien cercano presenta malestar significativo y dificultad en el desempeño de sus actividades diarias se recomienda recurrir a ayuda profesional.

Es importante señalar que el grado de afectación psicoemocional varía en cada persona. Está condicionado entre otros por las características de personalidad y antecedentes biográficos, edad, contexto sociocultural y laboral asi como la situación de vida en que se hallaba. Asi, habrá quienes el factor “pandemia” se sumó a otras dificultades que estaban sucediendo a nivel individual y/o familiar por lo cual pueden haberse visto sensiblemente más afectados. Por ejemplo, quienes estaban cursando una enfermedad, recibiendo un tratamiento, atravesando un proceso de divorcio, duelo por la muerte de un ser querido, etc. En base a esto es aconsejable tener presente estas situaciones para entender ciertos cambios que podemos haber experimentado o alguien de nuestro entorno. Esto permite poder posicionarnos desde una actitud de mayor apertura y respeto por lo que puede estar sintiendo otra persona. Y este punto es muy importante dado que en un momento de tanto estrés colectivo como el actual todos podemos tener un rol más activo e incidir en otros como fuente de apoyo social y/o emocional.

Pasados 8 meses desde el inicio de la pandemia en nuestro país hemos podido ir ganando experiencia y reflexionando sobre los múltiples cambios que ocasionó. Se interrumpieron muchísimos proyectos personales y profesionales, hábitos y modos de convivencia mutaron. Esto de ningún modo es inocuo para nuestra salud mental. En ellos había depositadas muchas expectativas, deseos y sueños; un gran monto de nuestra energía vital.

Pueden presentarse sentimientos de pérdida y síntomas depresivos, mucha tristeza por lo que éramos y hacíamos antes de la pandemia. Es aconsejable tomar contacto con estas emociones y revisar qué áreas personales se han afectado para ocuparse de ellas. Sentir la emoción, aceptarla y comunicar cómo nos sentimos. Es muy importante expresarnos y hablar de todo lo que ha pasado organizar nuestro pensamiento, entender y procesar lo serio que ha sucedido para seguir adelante. Recordar buscar ayuda tal como hacemos en otros momentos duros de nuestra vida, recurrir a personas de confianza que nos brindan esa justa palabra de contención y sostén. Los vínculos afectivos son muy importantes en estos días, no es recomendable aislarse afectivamente, el amor trasciende la presencia física.

En este punto entonces cabe preguntarse ¿cómo continuar frente a una situación sanitaria de pandemia que persiste?

Podríamos plantear que el desafío de aquí en adelante es reforzar las conductas de autocuidado y todos los “si” de esta pandemia: las acciones que se pueden hacer para el cuidado de la salud y evitar la propagación del virus. Aprehender las experiencias de vida y lo que ha significado todo lo que hemos pasado. Situarse desde allí, haciendo pie en nuestras fortalezas.

Debemos sacar aprendizajes de todo esto desde la revalorización de actividades que parecían tan rutinarias y “simples” pero que se añoran tanto. Tener presentes y agradecer las cosas que si están bien en nuestras vidas. Focalizarse en los recursos que cada uno puso en marcha para enfrentar otro tipo de circunstancias que han sido difíciles y retadoras también, en otras etapas de vida, sentirse reconfortados por eso.

Se dice que no sabemos cuan fuerte somos hasta que nos vemos obligados a serlo y es aquí que este momento disruptivo puede ser oportunidad para crecer y reinventarse. No seremos los mismos luego de esto y es esperable que asi sea. Poner foco en el proyecto de vida y gestionarlo.

El horizonte más saludable lo constituye el tener mayor apertura al cambio y lograr una flexibilidad suficiente que permita adaptarse, transitar en nuevas direcciones, en el entendido de que estos cambios en nuestras rutinas diarias “han llegado para quedarse”. Podemos contribuir a llevar de mejor manera toda esta situación si no la resistimos, sino que procuramos caminar con ella y poco a poco ir integrándola como otra parte constitutiva de nuestra historia.

Somos seres sociales y hoy más que nunca se vuelve prioritario el pensar de forma colectiva El ser humano a diferencia de otras especies además de lo que percibe directamente por sus sentidos puede ser altruista en base a lo imaginado. Aquí, el imaginar el impacto de la acción individual en otras personas y/o generaciones puede ser motor para actuar en ese sentido y ver de qué manera se puede colaborar.

Existen capacidades humanas altamente sofisticadas y con alta incidencia en el bienestar como lo son la compasión, la gratitud y la empatía. Se ha constatado que en un alto porcentaje de la población han aflorado estos sentimientos inherentes al ser humano, en una vuelta al interior de si mismo y a su grandeza en circunstancias de tanta restricción.

A modo de cierre, enfatizar que cada persona tiene un rol central en la adquisición y mantenimiento de hábitos saludables. Ejerza el control sobre los mismos.